Saturday, May 4, 2019

Alina N. Feld, RECUPERANDO ASPECTOS EXISTENCIALES DE LA PSICOPATOLOGÍA DE JASPERS A LA LUZ DE LA NEUROCIENCIA CONTEMPORÁNEA




Autora: Alina N. Feld
Hofstra University
alinanfeld@gmail.com

Agradecemos a la autora, Alina N. Feld,  su apoyo para publicar en este sitio la presente versión en español realizada por Gladys L. Portuondo del original en inglés, según ha sido publicado en: Alina N. Feld, "Retrieving Existential Aspects of Jaspers'  Psychopathology in View of Contemporary Neuroscience",en: Existenz. An International Journal in Philosophy, Religion, Politics and the Arts, Vol. 10, No 1, Spring 2015.  




Resumen. El ensayo investiga la relevancia contemporánea de la psicopatología fenomenológica de Jaspers y dos modos alternativos de la fenomenología referidos a la relación cerebro-mente.  Conduce a una visión general abreviada del destino de la fenomenología descriptiva de Jaspers, de la fenomenología trascendental de Ludwig Binswanger y de la fenomenología del "cuerpo subjetivo" de Michel Henry. Las posiciones contemporáneas en la psiquiatría y la neurociencia serán consideradas como contrapartida. Así, tomaré en consideración particularmente la transición de Karl Jaspers de la fenomenología descriptiva de las condiciones mentales patéticas hacia el pensamiento filosófico, paralelamente  a los avances contemporáneos en las evaluaciones tecnológicas del cerebro, especialmente de las imágenes del cerebro, cuya velocidad impone  un reajuste con ritmo acelerado, una auto-comprensión tanto terapéutica como epistémica. Un tratamiento complejo, que comprende múltiples métodos, desde el análisis y la intervención genética, las imágenes cerebrales, la farmacología, hasta la psicoterapia, proporciona las condiciones para la posibilidad de comprender y de vivir a través y con las enfermedades de la psiquis. Incluso con todos los avances tecnológicos, la personalidad y la filosofía siguen siendo importantes para la terapéutica efectiva.
Palabras clave. Jaspers, Karl; Binswanger, Ludwig; Henry, Michel; Mundt, Christoph; Fuchs, Thomas; Stranghellini, Giovanni; Kandel, Eric; psicopatología; neurociencia; fenomenología descriptiva; reduccionismo; mitología cerebral; prejuicio somático;comprensión empática; explicación causal; lo no comprensible; fenomenología transcendental; cuerpo subjetivo.


La Psicopatología General de Karl Jaspers se publicó por vez primera en 1913[1]. Cien años después, frente a las transformaciones radicales de nuestro mundo, y no menos en el dominio de la naurociencia, tenemos razón para evaluar retrospectivamente: ¿Ha sido superada la comprensión de la psicopatología por parte de Jaspers? ¿Cuál es el estatus del proyecto de Jaspers en la psiquiatría de nuestros días? Este ensayo abordará estas cuestiones.

Paralelismo histórico
Sería difícil pasar por alto las similaridades en el talante, los debates y las tendencias principales en la investigación psiquiátrica entre nuestra época y la de Jaspers. Empezando en los años 50 del siglo XIX, el período de rápidos y entusiastas avances  en las ciencias naturales fue seguido por un período de escepticismo y decepción hacia finales del siglo. Jaspers comenta sobre el estado anímico de paralización y la "resignación terapéutica" en la clínica de Heidelberg, donde él trabajó de los años 1908 a 1915 y donde acomete la tarea de revivir la psiquiatría mediante el redescubrimiento de su objeto, el pathos de la psyche (la mente o el alma)[2].
De modo similar, en la segunda mitad del siglo XX hemos atestiguado grandes pasos de avance en la explicación causal fomentada por el progreso tecnológico en todos los dominios, incluyendo la psiquiatría, y como resultado una crisis profunda de la psicopatología, la cual fue considerada irrelevante o se redujo a un papel subordinado en la psiquiatría -como un mero listado de síntomas. Las presuposiciones contemporáneas continúan revelando una adherencia general al mismo dogma reduccionista biológico que fue articulado inicialmente por el neurólogo y psiquiatra alemán William Griesinger en su afirmación de 1861, según la cual "el desorden psíquico es un desorden cerebral", y que se reitera hoy por los neurocientíficos y los filósofos materialistas eliminativos (Nota de la traductora: la noción es afín al fisicalismo de  fines del siglo XIX y principios del siglo XX) y reduccionistas[3]. Por ejemplo, Thomas Fuchs cita al psiquiatra contemporáneo alemán Wolfgang Maier, por afirmar que los desórdenes psíquicos son desórdenes del cerebro y que los estados mentales son representables con las imágenes de los aparatos tecnológicos médicos como estados o procesos del cerebro[4]. Yendo un paso más allá, Paul Churchland nos urge a abandonar la psicología popular como oscurantismo no científico, una superstición completamente equivocada  similar a conceptos causales erróneos del pasado, tales como el flogisto y las brujas, que simplemente no deben ser rebautizados sino radicalmente eliminados y sustituidos por la ciencia real. The Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders  (DSM-III; American Psychiatric Association 1980; cuarta y quinta edición), siquiera antiteórico, está marcado por un reduccionismo empírico incuestionado (el modelo del empirismo lógico Hempel-Oppenheim que conduce a objetivar los fenómenos psíquicos)[5].

El cambio de paradigma
En la última década, sin embargo, ha habido un alejamiento de la  autoconfianza pionera, dirigido hacia posturas más maduras y escépticas, por lo que las preguntas y posiciones de Jaspers son nuevamente oportunas. Christoph Mundt explica que la extrema carencia e impotencia de las categorías del DSM -por ejemplo, su incapacidad para valorar los síndromes clínicos independientes y su objetivismo radical, que elimina "la perspectiva desde el interior del paciente con base en la empatía" (IKJ 42) ha provocado insatisfacción con el reduccionismo presente y una reconsideración de las teorías que promueven una interpretación más matizada y abarcadora de las patologías mentales. Somos testigos de una reformulación del debate sobre el valor epistemológico, terapéutico y ético del reduccionismo extremo, y del escepticismo creciente respecto a éste.
Este contexto explica la renovación del interés en el papel de la psicopatología de Jaspers en la psiquiatría actual. Según Stanghellini y Fuchs, después de haber sido descuidada y desestimada como no científica, como  una brecha carente de valor epistémico, la psicopatología está regresando. Las investigaciones de Jaspers están dando lugar a nuevos debates tanto en la investigación metodológica, concerniente por ejemplo a lo comprensible y lo no comprensible, así como en los temas clínicos, tales como la definición del delirio y la autoconciencia (EI xx-xxi). Allí emerge la conciencia de que la psicopatología puede ser una disciplina sine qua non para la psiquiatría y la psicología clínica: así, la psicopatología descriptiva proporciona un lenguaje y un fundamento común para la psiquiatría, una disciplina heterogénea cuyos adeptos la enfocan desde diferentes ángulos -la neurociencia, la psicología profunda, la sociología, la filosofía-, cada uno con su propio lenguaje, método y práctica. Mientras la psicopatología descriptiva es capaz de llenar el vacío entre la comprensión y el cuidado, esto es, entre los paradigmas epistemológico y ético, así como entre las ciencias humanas y clínicas, y de definir qué es anormal y qué es humano en lo irracional y lo incomprensible, la psicopatología clínica proporciona los datos para la diagnosis y las clasificaciones, y la psicopatología estructural, con base en los significados de la experiencia personal, contribuye a la comprensión de la inteligibilidad y de sus límites.
Jaspers fundó la psicopatología como "una ciencia con su propio objeto de investigación, su propia metodología y su propia conciencia crítica del método"[6]. Su propósito era alto: fundamentar una nueva disciplina psiquiátrica poniendo "orden en el caos de los fenómenos psíquicos anormales a través de la descripción rigurosa, la definición y la clasificación, fortaleciendo la psiquiatría con un método válido y confiable para evaluar y encontrar sentido  a la subjetividad individual anormal"(EI xiii). El método de descripción rigurosa, de las definiciones y las clasificaciones que Jaspers introduce en la psicopatología es fenomenológico. Con Jaspers, la psicopatología, el dominio a ser mapeado, y la fenomenología descriptiva, el método apropiado para la tarea, emergen conjuntamente.

La Fenomenología descriptiva de Jaspers
Karl Jaspers adoptó la hermenéutica de Wilhelm Dilthey con los conceptos iniciales de Edmund Husserl de la intuición, la descripción y la metodología de la ausencia de presuposición, y los adaptó a la psicopatología (EI xiii). La fenomenología descriptiva será aplicada consistentemente a través de la Psicopatología General en confrontación con el reduccionismo en sus dos formas, el enfoque somático y el psíquico. Jaspers se oponía al modelo psíquico, que reducía la enfermedad mental a un defecto moral o religioso propio de la psiquis y fue especialmente crítico del psicoanálisis freudiano, que interpretaba los estados mentales conscientes como formas de auto-engaño. Su meta principal, no obstante, era el modelo somático, al que llamó el "prejuicio somático".
La metodología dualista de la comprensión (verstehen) y de la aclaración (erklären) de Jaspers se funda en el cartesianismo y el neo-kantismo, una forma de antropología apofática. Él declara desde el comienzo sus posiciones teóricas y metodológicas: aconseja el respeto existencialista por la totalidad misteriosa e incomprensible del objeto de investigación que es la psiquis, así como por la unicidad del caso individual, ninguno de los cuales puede en sí mismo ser objeto del enfoque científico, sino sólo en sus manifestaciones. Los fenómenos de la psiquis mórbida, cree Jaspers, se encuentran en última instancia enraizados en el "fenómeno Hombre" como "libertad irrestricta que descansa más allá del alcance de la indagación empírica"; el hombre es "la gran cuestión que se encuentra en los límites de todo nuestro conocimiento"(GP 30-1). De modo correspondiente, él cree que la psicopatología debe estar fundada en la comprensión empática de la experiencia del paciente en una visión íntima desde adentro. Para que la terapia tenga lugar, debe establecerse una relación profunda entre el paciente y el psicopatólogo, en la cual tenga lugar la comunicación auténtica.
El énfasis de Jaspers en la comprensión y el significado apunta hacia una fuerte influencia weberiana; sin embargo, hay un momento donde lo incomprensible se alcanza, especialmente en la ilusión esquizofrénica. Los estados de la psiquis anormal difieren de los estados normales surgiendo endógenamente  como un irreductible psicológico. Ya que la comprensión racional falla lógicamente cuando se enfrenta a lo no-comprensible o lo incomprensible, la comprensión empática debe hacerse cargo en una comunicación que trasciende necesariamente la razón. Jaspers advierte que recurrir a la explicación causal, biológica, parte de la experiencia subjetiva interna.  Él parece considerar la explicación biológica como un deus ex machina , un puntal incapaz de resolver auténticamente la cifra de los engañosos estados psíquicos patéticos. Ésta representa un salto a un mundo paralelo, a un paradigma y un lenguaje diferente, que resulta irrelevante para la subjetividad individual. La perspectiva somática trata al  hombre como una criatura de la naturaleza, pero el hombre, según él insiste, es una criatura de la cultura.
Así, la psicopatología de Jaspers subraya la dualidad humana y une -en una tensa relación- la ciencia natural y la ciencia humana. No obstante, no hay una correlación de uno a uno ni tampoco integral entre la psiquis y el cerebro. Jaspers es claro en su posición respecto a la localización de lo mental. Como en el dualismo cartesiano, la realidad temporal de lo mental y la espacialidad del cerebro son órdenes heterogéneos y no pueden corresponderse uno a uno como afirma la teoría de la identidad. Según Jaspers, la presunción somática de una correlación no es verificable, sino que es sólo una fuente de interpretación metafórica. En relación con el giro metodológico de la comprensión empática de la existencia individual a la explicación causal, Jaspers discute la formación de la teoría en la psicopatología: Carl Wernicke, Sigmund Freud, Viktor Emil Von Gebsattel y Erwin Straus (GP 534-46)[7]. Bajo el prejuicio somático, en el momento en que lo "ajeno", lo no comprensible es hallado, la navaja de Occam se aplica y el impulso hacia la explicación causal se hace cargo: los orígenes opacos más allá de la conciencia, tales como los eventos físicos, las fases, los periodos; esto es, la malfunción cerebral, las alteraciones en los eventos basales, la inhibición vital, el inconsciente represivo, los demonios del mediodía.
En este paradigma causal, lo biológico viene a sustituir a la propia existencia. Mientras tanto la existencia como lo biológico son impenetrables e incomprensibles, Jaspers anuncia que sólo la existencia es capaz de la aclaración infinita. Él es un crítico del giro desde la comprensión significativa iluminada por la existencia hacia la explicación de las causas biológicas que conduce a una terapia que se indica a través del factor somático. Jaspers no niega la validez de este último, pero critica la confusión de ambos, que fomenta un filosofar no filosófico (la reducción psíquica) y un pseudo-conocimiento del cuerpo (la reducción somática) -dos versiones del reduccionismo que son igualmente dogmáticas y anticientíficas, ambas parciales y falsas. Desde una perspectiva científica, la teología del eclipse o de la pérdida de Dios es una hipótesis tan vacía como la de una "perturbación en la vitalidad". El conocimiento de la vida no debería intentar simular ser conocimiento científico. Jaspers explica que la totalidad de la vida humana y su origen último no pueden ser objeto de investigación científica alguna, "en estos términos la teoría de Gebsattel [se refiere a] la vida humana como un todo, que es el tema propio de la filosofía, mientras que la ciencia se interesa sólo por aspectos particulares de la totalidad "(GP 543). Los estados mórbidos no pueden contenerse en la teoría científica. En su lugar, se requiere de una interpretación filosófico-existencial. "La vida psíquica', escribe, es "una totalidad infinita, una totalidad que resiste cualquier intento consistente de sistematizarla", y si fuéramos a reducirla "a unos pocos principios universales y buscáramos leyes comprehensivas, haríamos una pregunta que no puede responderse"(GP 17).
Esta forma de dualismo cartesiano en el entender y el explicar indica también un apofanticismo kantiano; Jaspers sostenía que "el hombre es sólo comprensible cuando éi es entendido en términos somáticos"(GP 18), de ahí que sólo como fenómeno, no como nóumeno. La causalidad científica explica los fundamentos extraconscientes de la vida psíquica, del dominio de lo inconsciente y de lo orgánico. No puede abarcar o comprender la subjetividad consciente. Esta es la respuesta de Jaspers al reduccionismo psíquico, tal como la priorización freudiana de lo inconsciente así como la explicación somática (BM 76). Según Freud, la sola consciencia subjetiva es el dominio del significado y el entendimeinto (BM 76-7). Jaspers observa, sin embargo, que el significado y el entendimiento deben ampliarse empáticamente a lo incomprensible de la experiencia individual interna en lo tocante a una filosofía de la existencia. Es por esta razón que Jaspers apela a la descripción fenomenológica, esto es, la pura apreciación de los hechos, de la experiencia del paciente, sin prejuicio sino con desapego y simpatía (GP 17,20-2). En otras palabras, la llamada de Jaspers "a presentar totalmente la realidad", como Fuchs señala, es la llamada husserliana "a las cosas mismas", que resulta  en una epoche sui generis y excluye todo intento de definición o generalización de las condiciones mórbidas (BM 77). Ésa es la razón por la que las principales psicosis  -melancolía, depresión maníaca, esquizofrenia y epilepsia-  se presentan como constelaciones particulares de síntomas más que como entidades mórbidas totalmente definidas y clasificadas.

Las Fenomenologías alternativas de Ludwig Binswanger y Michel Henry
Para Jaspers, el empleo de la fenomenología en la psicopatología involucra la descripción de las experiencias presentadas por el paciente. Él modeló su fenomenología descriptiva siguiendo a Husserl, y no siguió la evolución de la fenomenología hacia el enfoque eidético explorado por Ludwig Binswanger (1881-1966), el psiquiatra suizo  pionero en el campo de la psicología existencial, influido en particular por Husserl y por Martin Bubber, ni la fenomenología del sujeto corpóreo de Michel Henry (1922-2002), el filósofo y novelista francés. Binswanger desarrolló una fenomenología trascendental de la conciencia intencional, complementando de este modo el estudio naturalista descriptivo de Jaspers,  que se limita al contenido de la experiencia vivida. Para Binswanger, la fenomenología no significa una fenomenología descriptiva de las manifestaciones subjetivas de la vida psíquica, como lo es para Jaspers, sino más bien ha de entenderse en términos de la fenomenología pura trascendental husserliana. Binswanger insiste en que su método pertenece a la ciencia de la fenomenología trascendental, la cual no es "una psicología de la experiencia interna", ni de la experiencia vivida (Erlebnispsychologie), ni es una fenomenología del tiempo o el espacio vividos[8]. Lo mismo que Jaspers, él se distancia de las explicaciones reductivas que tienen base en la derivación biológica, aunque él también parte de la postura psicopatológica a fin de descubrir la estructura a priori de la intencionalidad temporal.
De modo que Binswanger adopta una posición fenomenológica trascendental pura en oposición a cualquier postura psicológica, natural, ingenua. La originalidad de su enfoque consiste en la observación de la específica modificación trascendental en la melancolía y la manía, esto es, la disolución de las conexiones constitutivas dentro del orden estructural trascendental.
En su análisis fenomenológico, el desorden melancólico emerge como resultado del mal funcionamiento de los tres egos -empírico, trascendental y puro- en relación con la intencionalidad y el tiempo. El ego puro es la clave para su análisis porque éste se encarga de la constitución de la totalidad del ego. Binswanger hace visibles tanto al "Yo" empírico a través de la observación de casos, y al "Yo" trascendental en el giro hacia los elementos estructurales constitutivos de la conciencia; el elemento que falta es "el ego puro, [el cual] constituye la unidad del "Yo" mundano-empírico y el "Yo" trascendental, mientras que la  experiencia constituida es la unidad de la experiencia mundana-empírica y la experiencia trascendental"(MM 117-8).
En la experiencia no melancólica, el ego puro realiza su función constitutiva y unificadora con facilidad. En contraste, en la melancolía el ego puro está alterado y constreñido; su función constitutiva se encuentra obstaculizada y cuestionada. La melancolía indica una alteración en la constitución del ego puro, su perplejidad y desesperación como resultado de la mengua para cumplir plenamente su tarea. Este momento negativo se actualiza como distimia, esto es, "como depresión melancólica, ansiedad y tormento, o apartamiento maníaco de la tarea del control total sobre el yo y el mundo" (MM 119). Si en la melancolía la operación del ego puro  está deteriorada, no obstante nunca está del todo anulada como en el caso de la esquizofrenia. Esto es porque sólo sufre su función reguladora, no "la función de constituir la pertenecia- a mí- mismo del Yo soy" (MM 120-1). Esta pertenencia- a mí- mismo constituye el aspecto crítico del estrés melancólico, en tanto el Yo en el dolor es mío: soy "Yo" mismo (MM 121). La posibilidad de curación reside en la preservación de la pertenencia-a mí-mismo asegurada por el ego puro alterado, aunque en funcionamiento. El delirio melancólico de pérdida es la expresión de la aflicción del ego puro cuando se enfrenta a su fallo en la tarea de constituir la totalidad de la experiencia. El yo empírico sufre de la retracción del ego puro, y su sufrimiento es una llamada de vuelta a la totalidad de la experiencia bajo la guía del yo puro.
Según Binswanger, las psicosis son experimentos de la naturaleza, y como tales son fenomenológicamente significativas en tanto hacen visibles las operaciones trascendentales, inaccesibles de otro modo. Esto implica un retorno desde el mundo constiuido a sus momentos constitutivos estructurales. La melancolía no está condicionada histórica o biográficamente, en otras palabras, no es una condición existencial; es más bien una creación ontológica del Dasein: "La esquizofrenia es un modo existencial, y todo el mundo tiene una forma privada de esquizofrenia que sale de la historia personal, mientras que la melancolía, a pesar de la variedad de los temas de la pérdida, sobrelleva una forma genérica de amenaza contra el Dasein humano fundado en su ser abandonado"(MM 134-5).
La fenomenología del cuerpo subjetivo de Michel Henry se sitúa entre la fenomenología descriptiva de la experiencia interna vivida de Jaspers y la fenomenología trascendental de Binswanger. Henry se opone al dualismo gnóstico-cartesiano en el cual el cuerpo es un objeto trascendente que se enfrenta a la conciencia como su otro. El ser del cuerpo no es un "ser ahí", una determinación objetiva cuya finitud, contingencia y absurdidad se revelan al hombre qua ser metafísico. El naturalismo, el idealismo y el empirismo son todas distorsiones de la naturaleza humana, separando el espíritu de lo que se considera como un cuerpo natural impersonal. Ellos confunden la esencia del cuerpo humano como cuerpo subjetivo en primera persona. Henry insiste, de modo contrastante, en que el yo y el cuerpo no pueden separarse nunca:"los cuerpos serán juzgados"[9]. Él elabora su ontología del cuerpo subjetivo patético inmanente como un comienzo más primordial: como la revelación original de lo absoluto. La realidad humana es "Yo soy mi cuerpo" más bien que "Yo tengo un cuerpo". La subjetividad se hace corpórea, es la vida del cuerpo subjetivo, la vida revelada en una esfera de inmanencia absoluta. Henry sostiene que la subjetividad "tiene ya siempre un contenido primordial, el contenido de la experiencia trascendental interna que le da a la vida su irreductible densidad ontológica primordial, una densidad que subsiste aún cuando la vida colapsa en la  desesperación"(PP 269). Este auto-conocimiento encarnado es un saber de la vida y de la subjetividad, un saber que involucra siempre al individuo concreto, el "Yo", que de otro modo no puede ser dado o recibido. De este modo para Henry el cuerpo subjetivo es el lugar ontológico de la inmanencia patética primordial donde se revela lo absoluto. Todos los destinos fundamentales de redención y condena constituyen elecciones o modos éticos y existenciales de la totalidad del "Yo", que nunca puede ser superada.

La Neurociencia y la Fenomenología en nuestros días
El análisis trascendental de Binswanger no constituye una objeción seria al proyecto de Jaspers, ni produce un efecto importante en las sensibilidades contemporáneas. La teoría de Binswanger sería criticada conjuntamente con las de Gebsattel y Freud como un enfoque psíquico que conduce a una filosofía no filosófica. La fenomenología del cuerpo subjetivo de Henry, con su ataque vigoroso al dualismo, cuestiona los dominios asintóticos de la psiquis y el cuerpo -una intuición que está siendo confirmada por la neuroplasticidad, a lo que nos referiremos en un momento. De hecho, la incisiva dicotomía de la psiquis y el cuerpo es tal vez el elemento más vulnerable en la psicopatología de Jaspers. Como en el caso del dualismo cartesiano clásico, la relación entre los dos órdenes del ser se convierte en un misterio insoluble. El cuerpo subjetivo de Henry parece una hipótesis filosófica más adecuada que el ser dicotómico de Jaspers. A lo largo de esta línea, Fuchs señala que el dualismo de Jaspers aísla la subjetividad y hace "la corporeidad ajena al entendimiento"(BM 82). Fuchs explica que la propia ciencia ha probado su subordinación a los paradigmas socioculturales; el cerebro es conocido ahora como un "órgano social e históricamente constituido", traduciendo el proceso biológico y la experiencia subjetiva, mientras que la neuroplasticidad ha hecho evidente que la mente y el cuerpo se encuentran involucrados en "una interacción circular"(BM 82-3).
Según el neuropsiquiatra Eric Kandel, se ha estado atestiguando un movimiento desde la metapsicología y el psicoanálisis hacia la biología molecular y la neurobiología, en el cual la imagen funcional ha desempeñado un papel principal[10]. Anteriormente a esto no teníamos acceso inmediato al cerebro, excepto a través de la disección postmortem. Los avances en las tecnologías, especialmente la imagen cerebral, son herramientas que confirman las intuiciones de Freud, Wernicke, Alzheimer, es decir, que la depresión es un desorden del circuito, una coreografía cerebral que involucra no una sola área, sino múltiples áreas, una red neural. El enfoque de la red representa un giro del paradigma en la comprensión de las condiciones mentales; la frenología es trascendida finalmente. Esto confirma la intuición de Jaspers según la cual no puede ser hecha una correspondencia de uno a uno entre el estado mental y el área cerebral.  El cabecilla en este neurocircuito responsable de la depresión es el Área 25 en el lóbulo frontal, que regula el estado anímico negativo. Otros centros de esta red: la amígdala, regulador del estrés y del reforzamiento del estímulo; el hipotálamo, regulador de los impulsos, el sueño, el apetito, la libido; el hipocampo, regulador de la memoria; la ínsula, la autoconciencia interna; el córtex prefrontal. Una terapia de la depresión debe restablecer la integridad funcional de todos los centros de esta red. Ahora que los efectos del tratamiento pueden ser observados a través de la imagen, el tratamiento puede ajustarse de forma correspondiente, sin embargo la terapéutica ya no está subordinada al prejuicio somático. Por el contrario, incluye la medicación y la estimulación cerebral profunda del Área 25 (electrodo activando el Área por medio de un generador de pulso) conjuntamente con la psicoterapia, bien sea juntas o por  separado, según se adaptan a los casos específicos.
La visión integrativa -que puede confirmar la validez del dualismo de Jaspers así como del cuerpo subjetivo de Henry- es también quizás el resultado del escepticismo creciente acerca del tratamiento unilateral, somático o psíquico. Kandel señala que para nuestra primera generación postgenómica el "ultimo gran misterio que enfrenta la biología es la naturaleza de la mente humana, el paso final en la progresión filosófica que empezó en 1859 con la perspectiva de la evolución de la forma corpórea por  parte de Darwin", donde el resultado será el "surgimiento de un nuevo humanismo, un humanismo hecho más racional con un respeto más profundo por el genoma y una mayor comprensión de la mente humana"(PPB 383). Curiosamente, la velocidad de los avances contemporáneos en la evaluación tecnológica del cerebro, especialmente la imagen cerebral, impone un reajuste a ritmo acelerado no sólo en el tratamiento, sino también en la autocomprensión. La investigación científica sugiere que la imagen cerebral, la farmacología y la psicoterapia conjuntamente proporcionan las condiciones para la posibilidad de comprender y de vivir a través y con la depresión. Peter Whybrow detalla:
No hay un punto de vista único que pueda proporcionar una explicación suficiente para la depresión o la manía. Estos desórdenes deben entenderse en un marco multidimensional, como enfermedades que representan el camino disfuncional común que resulta de la interacción de influencias de distinto rango -genético, familiar, de desarrollo, interpersonal y neurobiológico.[11]
La subjetividad y la filosofía no pueden eliminarse de la ecuación del cuidado personal por ningún avance tecnológico. Esta perspectiva -a la vez generosa y humanista-  confirma las intuiciones tanto de Jaspers, como de Henry. ¿Estaría garantizado un paso más allá en el análisis del Dasein en la psiquiatría de hoy?

El Pathos psíquico y la tarea de la Psiquiatría
Jaspers extrae el significado existencial de los datos clínicos y articula un análisis del Dasein (GP parte 6). La evidencia existencial recogida en Heidelberg se pone en uso en sus reflexiones filosóficas concluyentes sobre la naturaleza del ser humano y el valor de las situaciones liminales para la Existenz auténtica. La ruptura en la Angst (la angustia, nota de la traductora) es con certeza dicho límite y cifra. La realidad de la incompletitud humana debe tomarse en cuenta[12]. Para un ser definido por la incompletitud, la enfermedad debe ser una condición ontológica, y provocar el evento psicológico que inicia un descenso en el abismo de la ansiedad ¡es una tarea de amor pedagógico! Jaspers reconoce que su postura filosófica se encuentra fundada -pero va más allá- en la psiquiatría clínica. Explica:

No podemos deshacernos del todo de alguna perspectiva filosófica básica cuando formulamos nuestras metas psicoterapéuticas...No podemos desarrollar ninguna psicoterapia que sea puramente médica, autónoma, y que parezca ser su propia justificación...Por ejemplo, se piensa generalmente que disipar la ansiedad  es  un objetivo terapéutico  auto-evidente...Una gran cantidad de personas modernas, particularmente, parece vivir sin temor debido a su falta de imaginación. Hay como si dijéramos, un empobrecimiento del corazón. Esta libertad de la ansiedad no es sino el otro lado de una profunda pérdida de libertad. La incitación de la ansiedad y con ella, de una humanidad más vital, podría ser justamente la tarea para alguien poseído por Eros paidagogos (la pasión informante). [GP 803]

La ansiedad existencial es condición para la libertad y debe cultivarse por el individuo humano cuyo horizonte del ser es la actualización de la Existenz. Para Jaspers, como para todos los filósofos de la vida, el comienzo de la existencia auténtica se origina en la Angst. Es sólo a través de la confrontación con la situación límite del pathos psíquico que el individuo alcanza los orígenes profundamente escondidos de la Existenz, y por lo tanto la creatividad.
La respuesta ofrecida en nuestros días -por quienes sufren y por los psiquiatras, el público y los  científicos- a la afirmación de Jaspers de que la libertad y la creatividad están fundadas en el abismo de la ansiedad; al argumento de Binswanger de que la melancolía es una respuesta creativa de los tres egos; a la filosofía del inmanentismo patético subjetivo de Henry -es la de una era ultrapositivista al borde de la denigración utópica del estado anímico o condición negativa, y su denegación de la entrada a la ciudadela ideal: la respuesta de una modernidad y una singularidad tardía global.





[1] Karl Jaspers, General Psychopathology,  traducción de J. Hoenig y Marian W. Hamilton, Baltimore, MD: Johns Hopkins UNiversity Press, 1997.[En lo que sigue citado como GP]
[2] Karl Jaspers, "Philosophical Autobiography", en The Philosophy of Karl Jaspers, ed.  Paul Arthur Schilpp, Library of Living Philosophers, New York: Tudos Publishing Company 1957, pp. 16-9.
[3] Véase Giovanni Stanghellini y Thomas Fuchs, "Editor's Introduction", en One Century of Karl Jaspers' General Psychopathology, eds. Giovanni Stanghellini y Thomas Fuchs, Oxford: Oxford University Press 2013, pp. xiii-xiv. [En lo que sigue citado como EI ]
[4] Thomas Fuchs, "Brain Mythologies", en Karl Jaspers' Philosophy and Psychopathology, eds. Thomas Fuchs, Thiemo Breyer, and Christoph Mundt, New York: Springer 2014, p. 81: "Como resultado, los desórdenes psíquicos se convertirán crecientemente en desórdenes de las funciones cerebrales y no serán ya diferentes fundamentalmente de otras enfermedades del Sistema Nervioso Central, (Maier, 2002)."[Citado en lo que sigue como BM]
[5] Véase Christoph Mundt, "Impact of Karl Jaspers' General Psychopathology: The Range of Appraisal", en One Century of Karl Jaspers' General Psychopathology,  eds. Giovanni Stanghellini y Thomas Fuchs, Oxford: Oxford University Press 2103, pp. 42-57. [En lo que sigue citado como IKJ]
[6] Thomas Fuchs cita a Werner Janzaric (BM 75n1)
[7] Véase Alina N. Feld, Melancholy and the Otherness of God, Lantham, MD: Lexington, 2011, pp.157-9.
[8] Ludwig Binswanger, Mélancolie et manie: Études phénoménologiques, trad. Jean Michel Azorin e Ives Tottoyan, Paris: Presses Universitaires de France, 1960; reimpresión 1987, p.23. [En lo que sigue citado como MM; todas las citas de Binswanger son traducciones de la autora de la edición en francés].
[9] Michel Henry, Philosophie et phenomenology du corps, serie editada por Jean HYppolite, París: Presses Univessitaires de France, 1965, p. 306. [En lo que sigue citado como PP; todas las citas de Henry son traducciones de la autora a partir de esta edición francesa]
[10] Eric R. Kandel, Psychiatry, Psychoanalisis, and the New Biology of Mind, Arlington, VA: American Psychiatric Publishing, 2005.[En lo que sigue citado como PPB]
[11] Peter C. Whybrow, Mood Disorders: Toward a New Psychobiology, New York: Plenum Press 1984, pp. 205-206.
[12] "Una definición precisa de la salud parece inútil si vemos la esencia del Hombre como la incompletitud de su Ser"(GP 787).

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