Monday, March 19, 2018

Gladys L. Portuondo, COMENTARIO SOBRE EL SIGNIFICADO EXISTENCIAL DE LA MUERTE: HEIDEGGER Y JASPERS



Publicado en: Gladys L. Portuondo, "Comentario sobre el significado existencial de la muerte: Heidegger y Jaspers", en: REVISTA FILOSOFÍA Nº 28, Universidad de Los Andes, Mérida – Venezuela, Diciembre 2017. ISSN: 1315-3463






Autora: Gladys L. Portuondo

Resumen:  La filosofía de la existencia es un intento de la razón arriesgada como razón filosofante, de sobrepasarse a sí misma, teniendo que retornar una y otra vez a sí misma para no perderse en el intento. La razón sigue este camino  desde la reflexión autocuestionada sobre sus límites y sobre la existencia como posibilidad que los sobrepasa. Debido a que la existencia es impensable en las determinaciones de un realizarse siempre inacabado en trayectoria desconocida de antemano,  ella se revela sólo con su cumplimiento en la muerte. El presente comentario hace referencia a algunas nociones del pensamiento de Heidegger y Jaspers, respectivamente, relativas a la significación de la muerte en el ámbito del filosofar.
Palabras clave:  Identidad del pensar y el Ser;  posibilidad límite; ser para la muerte; existencia empírica; Existenz.

A remark on the existential meaning of death: Heidegger and Jaspers

Abstract: The philosophy of existence deals with a risky reason -as philosophical reason-, which intends to surpass itself, and also must return again and again to itself to not getting lost in this attempt. Reason follows this path from the self-questioned reflection on its limits, and also on existence as a possibility which exceeds these limits. Because existence is unthinkable from determinations of an unfinished accomplishment by an ever unknown path,  it  only reveals itself with its fulfillment in death. The present remark makes reference to some notions in the thought of Heidegger and Jaspers, respectively, regarding the meaning of death in the realm of philosophizing.
Keywords: Identity of thinking and Being; boundary possibility; being for death; empirical existence; Existenz.



"Porque temer la muerte, atenienses, no es otra cosa que creerse sabio sin serlo, y creer conocer lo que no se sabe.
En efecto, nadie conoce la muerte, ni sabe si es el mayor de los bienes para el hombre. Sin embargo, se la teme, como si se supiese que es el mayor de todos los males. ¡Ah! ¿No es una ignorancia vergonzante creer conocer una cosa que no se conoce? "
Platón, Apología de Sócrates

Pudiera afirmarse de la filosofía de la existencia que es un intento de la razón arriesgada como razón filosofante, de sobrepasarse a sí misma. A sobrepasarse, teniendo que retornar una y otra vez a sí misma para no perderse en el intento, desde la reflexión autocuestionada sobre sus límites y sobre la existencia como posibilidad que sobrepasa  los límites de la razón, por ser impensable en las determinaciones de un realizarse siempre inacabado en trayectoria desconocida de antemano,  que se revela sólo con su cumplimiento en la muerte.
Hay un problematismo irrebasable de la razón, el cual concierne no sólo a la razón positiva sino también a la que como negatividad intenta aproximarse ad infinitum al  Ser, mediante la exclusión consecutiva de sus determinaciones (como teología o dialéctica negativa). La identidad del pensar y el Ser como aspiración última de la razón oculta tanto los límites de la razón, como la infinitud del Ser, que la razón sedienta de certezas intenta escamotear en las paradojas de la ontología y en los conceptos de la ciencia empírica, ávida de generalizaciones. La búsqueda del Ser por la razón ha de ser  un recomenzar de la búsqueda de su sentido para la existencia del hombre, lo que obliga a la razón a cuestionar continuamente sus presupuestos.
Hay una posibilidad extrema tanto para la razón, como para la existencia; esto es,  la posibilidad de un límite común en que el pensar y el Ser, y con estos, la razón y la existencia, pueden ser coincidentes. En la medida en que el no Ser es impensable[1] de igual modo en que lo es la muerte como anulación de la existencia, la identidad del pensar y el Ser queda en suspenso al hacerse equívoca en el filosofar desde la extrema "posibilidad de la imposibilidad de la existencia" -como se afirma en la definición heideggeriana de la muerte. Desde el reconocimiento de este límite de la posible identidad del pensar y el Ser, la existencia obliga a la razón filosofante a retornar nuevamente a sí misma para intentar una lectura de la posibilidad existencial, o como puede decirse también, de la existencia como posibilidad.
La certeza inequívoca de la muerte es el marco de referencia al cual, de manera análoga a como sucede con la inequivocidad de la duda cartesiana, puede la razón remitirse si ha de justificar un filosofar o una filosofía de la existencia que está obligada a tratar con el reino de las posibilidades. La certeza de la muerte penetra la más profunda raíz ontológica de la existencia, puesto que la muerte es la más radical posibilidad del hombre, único existente que puede cuestionarse a sí mismo y al Ser desde sí mismo. Mas el desciframiento del sentido existencial de la muerte no se alcanza en el conocimiento o en la manera de "pensar"  la muerte, puesto que, en todo caso, mi propia muerte es límite de mi propio pensamiento por ser impensable. La muerte no como hecho empírico, sino como posibilidad existencial, es ajena a todo concepto demostrable y accesible en las operaciones lógicas comunes a todos los hombres.
Como posibilidad límite, la muerte no es para Heidegger el mero término de la existencia ni la posibilidad que se post-pone a su término, sino su posibilidad original y esencial al no representar el completamiento o la realización de la existencia, sino su aniquilación. Como hecho empírico es accesible a la razón en la muerte del prójimo, mientras que la muerte propia escapa a toda experiencia posible. En tanto el hombre experimenta sólo el proceso que prepara la muerte y que conduce a ella, pero no la propia muerte, en la que toda experiencia es anulada,  la capacidad de experimentar la muerte sólo se alcanza como algo ajeno, pero es imposible experimentarla como algo propio. Siendo la muerte empíricamente ajena a la experiencia propia, el Dasein (ser-ahí) es la imposibilidad de experimentar la posibilidad de la muerte, aún estando cierto de ella[2]. 
Heidegger considera que el sentido profundo de la muerte escapa a la razón fundada en la experiencia dentro de los límites del ser-en-el mundo, y puede acceder tan sólo a su lectura como lo que no es respecto a esta. La verdad esencial sobre la muerte no es para Heidegger su expresión como fenómeno o contenido de la experiencia que no trasciende, a fin de cuentas, la frontera de lo mundano y que por eso queda atrapada en las redes de la inautenticidad -no por ser parte del mundo, sino por no poder rebasarlo. Será entonces la apertura a lo desconocido, que la tradición socrático-platónica ha atribuido al ser-para-la muerte, lo que se enlaza en la interpretación heideggeriana  con su lectura de Kant y de la imposibilidad de otorgar un sentido ontológico a la muerte.
Como posiblidad empíricamente inaccesible de la constitución ontológica de laexistencia, la muerte no obstante puede ser accesible a una lectura de su sentido auténtico precisamente allí donde el hombre puede aprehender la originalidad de su condición personal única, de su singularidad. Pues sólo lo radicalmente personal puede ser auténtico. Como nadie puede morir en lugar mío, mi muerte me pertenece por entero y existo siendo uno, o una, con ella. Mi muerte y yo somos el presupuesto o condición de mi propia trascendencia así como de la superación de toda posibilidad existencial, pues el ser-para-la muerte asume la muerte como acicate y horizonte permanente de toda acción y proyecto del hombre. Ontológicamente el ser-para-la muerte se funda en el reconocimiento de que el ser mortal es en el hombre la condición primaria de su existir, aún más radical que su naturaleza social, su racionalidad o su subconsciente, puesto que la muerte representa la anulación de toda otra posibilidad existencial. Si se ignora el sentido existencial de la muerte esta termina convirtiéndose en enemiga, en burladora y en el jugador desconocido que termina siempre ganándonos la partida.
En Heidegger no encontramos una doctrina sobre el más allá de la muerte -como tampoco en Jaspers. La autenticidad del ser-para-la muerte se encuentra velada en lo mundano, donde queda encerrada en su finitud la existencia empírica[3]. Heidegger vislumbra lo desconocido, la profunda naturaleza mistérica de la muerte, pero no le deja lugar en su ontología. La consideración por parte de Heidegger de que el análisis de la muerte está fuera de toda posibilidad más allá de una lógica o analítica existencial recuerda la postura del misticismo lógico de Ludwig Wittgenstein con relación al problema de la trascendencia y al reconocimiento de los límites de la lógica y del lenguaje en que esta se expresa[4].
A su vez, para Jaspers la existencia auténtica o Existenz adviene en la libertad por la cual el hombre experimenta no sólo lo que es, sino lo que puede y quiere ser. Del mismo modo en que el hombre no es Dasein (existencia empírica) sin mundo, tampoco es sí-mismo como individualidad libre e incondicionada sin la trascendencia, pues en sus manifestaciones empíricas, mundanas, el hombre sólo se ve a sí mismo como fenómeno[5]. Para Jaspers, la búsqueda de la autenticidad en la existencia se opone a la existencia empírica como una pseudomanifestación. De ahí que considera que la muerte no es solamente la supresión de la existencia empírica, sino también la supresión de todos sus posibles límites y determinaciones: en este sentido, para Jaspers la muerte es más que cualquier realidad empírica de la existencia. Es en la patentización de un existir que se hace consciente a través de la comunicación, en la que se trasciende la soledad padecida por la muerte del prójimo, que la muerte puede superarse y sobrevivirse pues la comunicación abre paso a la autenticidad del existir y con ella al Ser como trascendencia. En la comunicación incondicionalmente  personal la existencia auténtica supera la posible identidad del pensar y el Ser; o de la razón y la existencia como identidad de los límites de la razón y de los límites de la existencia empírica, que como ser es accesible a la razón donde la muerte se manifiesta como un hecho. La comunicación se torna revelación del sentido personal de la muerte como "cifra de la trascendencia" mediante la fe filosófica como apertura a la comunicación incondicional, la cual resulta ajena a la fe que se funda exclusivamente en dogmas.
Fe filosófica y comunicación son para Jaspers las vías de acceso o de apertura al sentido existencial de la muerte, desde el cual la razón arriesgada queda sobrecogida en vecindad con el misticismo, compartiendo con este la experiencia del pasmo que ante el misterio del Ser abrió el comienzo del filosfar.




[1] La paradoja según la cual el no-Ser es al poder nombrarlo en las figuras de la lógica, es el corolario de la aspiración de la razón a la identidad del pensar y el Ser y un subterfugio lógico para establecer lo Absoluto en el Ser. El no-ser es pensado en este caso  desde la perspectiva ontológica tradicional.
[2] Heidegger concibe el Dasein como la estructura ontológica fundamental de la existencia, la cual abarca tanto la existencia inauténtica, como la existencia auténtica del ser-para-la muerte. En cambio, Jaspers identifica el Dasein únicamente con la existencia empírica, cuya signiificación no está dada directamente sino sólo al referirse a la existencia auténtica o Existenz en relación con la trascendencia.
[3] Véase en Martin Buber, ¿Qué es el hombre?, FCE, 1950, p. 100-101.
[4] Alfred de Waelhens afirma que la filoofía de Heidegger es una laicización del pensamiento religioso cristiano, y Martin Buber estima que la filosofía de Heidegger es resultado de una secularización de la filosofía religiosa de Kierkegaard. Véase en: Alfred de Waelhens, La filosofía de Martin Heidegger, Madrid, 1952; Martin Buber, Op. cit., p. 118.
[5] K. Jaspers, Filosofía, Madrid, 1959. Tomo I, p. 443-446.

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