Tuesday, April 15, 2014

Tom Rockmore, NOTA ACERCA DE LOS "COMENTARIOS SOBRE LA MELANCOLÍA Y LA OTREDAD DE DIOS" , DE FELD

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Tom Rockmore
Duquesne University
rockmore@duq.edu



La presente versión al español se publica en este blog con el permiso del autor y la aprobación de Alan Olson y Helmut Wautischer, y ha sido traducida por Gladys L. Portuondo del original en inglés publicado en: Tom Rockmore, "A Note on Feld's  Remarks on Melancholy and the Otherness of God,"  Existenz, An International Journal in Philosophy, Religion, Politics, and the Arts, Vol. 7, No. 2, Fall 2012, en:






Resumen. El reciente estudio de Alina Feld sobre la melancolía resulta doblemente extraordinario como uno de los pocos tratamientos detallados de este fenómeno y como excelente ejemplo de la aplicación del refinamiento filosófico a temas humanos concretos. Es frecuente encontrar formas del humanismo que activan el interés en el ser humano en abstracto. Contrariamente a esto,  éste es un estudio cuidadoso, detallado, bien informado y útil de la existencia humana concreta.
Palabras clave: Melancolía; acedia; felicidad; infelicidad; depresión.





El vínculo de la melancolía con la felicidad difícilmente podría ser más obvio. La felicidad y la infelicidad nunca dejan de relacionarse, nunca se separan, ni siquiera se alejan una de otra. Las teorías de la infelicidad presuponen una comprensión de la felicidad. De diferentes formas, este interés se retrotrae a todo el camino precedente de la tradición occidental. Aristóteles ya entiende la felicidad (del griego eudaimonia) como lo que sigue a la acción apropiada, que alcanza su máxima expresión en la racionalidad. Este tipo de teoría sigue siendo tan importante como siempre lo ha sido para entender la infelicidad. Volveré a este punto más adelante.
Las causas de la infelicidad difieren de su manifestación. La infelicidad se manifiesta a sí misma de muchas formas. En épocas anteriores se prestó mucha atención a la relación entre la felicidad y la infelicidad, especialmente en el cristianismo. En nuestro presente momento histórico, esto se vincula crecientemente a las cuestiones económicas. La infelicidad, que voy a utilizar como término general, llega de muchas formas. Los antiguos ya se encontraban interesados en la depresión y en lo que más tarde llegó a denominarse melancolía, así como en la acedia, que puede definirse desde una perspectiva cristiana como "un estado de inquietud y como incapacidad de trabajar o de orar"[1]. Como lo señala Alina Feld, se usaron también otros términos. En Purgatorio, Dante, siguiendo a Mateo 22:37, define la pereza "como fracaso en al amor a Dios con todo el corazón, toda la mente y toda el alma"[2]. Y en la Summa Theologica Aquino describe el pecado mismo como "una pena opresiva, que por lo que pesa en la mente del hombre, él no quiere hacer nada"[3].
Algunos observadores detectan patrones importantes en la infelicidad. Muchos pensadores religiosos, y no pocos filósofos, dirigen la atención a la disposición de ánimo en relación a Dios. Kierkegaard habla célebremente de una enfermedad mortal, para la cual el remedio supuestamente apropiado consiste en el salto de la fe y en el sacrificio del propio hijo primogénito. Otros aluden a un fenómeno similar, rechazando el cristianismo. Marx relaciona la alienación con la estructura económica del mundo moderno. Heidegger se refiere a la Angst (angustia, del alemán, nota de la traductora)  que supuestamente caracteriza la existencia del Dasein, que se entiende igualmente a veces como el ser humano en comparación con el ser.
En su nuevo libro, Alina Feld analiza una selectiva serie de "hipótesis concernientes a la melancolía que ampliamente abarcan desde la antigüedad griega hasta el presente"[4], y desde Hipócrates hasta Jean Baudrillard, Gaston Bachelard, Robert Desoille y otros observadores recientes, a la vez que define una ruta a través de los puntos de vista sobre la acedia y/o la depresión relacionados entre sí, tal vez sin relación e, incluso, crudamente opuestos. Su afirmación central es que la depresión no es meramente contingente, sino más bien, como ella dice, "perdurable", incluso intrínseca a la condición humana. En su análisis y reconstrucción del debate en torno a la depresión. Feld retorna con gran provecho en pos del paradigma cartesiano moderno para ampliar nuestra comprensión de lo que entendemos por ser humano. Su propia visión sólo se señala vagamente en el título del libro: Melancholy and the Otherness of God. No está claro si "otredad" se refiere aquí a la diferencia entre lo humano y lo divino, cada uno de los cuales es algo distinto que el otro, o si se propone otro mensaje. Pero claramente ella toma en serio lo divino como tema central para el ser humano finito, reconstruyendo la historia de los esfuerzos para comprender la depresión psíquica, fundamentalmente desconocida.
Es importante volver al debate reciente para considerar las primeras teorías de la depresión, ya que esto evita la tentación de comprometerse con lo que Weber llamaría re-encantamiento, en tanto evita reinstalarse en las soluciones religiosas. En vez de eso, lo mismo ahora que con anterioridad al extenso interregnum cristiano, no parece haber mejor modelo que la antigua concepción aristotélica del florecimiento social como pre-requisito necesario de la felicidad. Si esto es correcto, entonces la disfunción humana en todas sus formas, incluyendo la melancolía y la acedia, puede explicarse en última instancia en términos sociales, los que pueden descansar en una base religiosa, aunque no lo requieren en sentido absoluto.
Feld define el interés de su triple tarea respecto a la genealogía, la hermenéutica y la terapia de la depresión, la cual con seguridad es una tarea enorme, pero como ella señala, ésta no toma en consideración lo patológico desde la perspectiva médica, lo que se encuentra más allá de los límites del presente estudio. Su rica descripción se compone de una serie de reconstrucciones de lo que debe verse como una auténtica "cornucopia" de las concepciones sobre la depresión.
Su reconstrucción de la prehistoria de este fenómeno abarca ampliamente una literatura que, obviamente, ella conoce muy bien. Feld examina los temas en un orden cronológico aproximado, aunque con muchas acotaciones eruditas. No me siento obligado a igualar su condición en este dominio. Ya que no tengo la segura comprensión de Feld sobre este asunto, ni el espacio para examinarlo en detalle, mis comentarios pueden ser solamente selectivos.
El análisis de Feld presenta a los seres humanos luchando por un largo periodo, en formas diferentes, para llegar a comprender un aspecto importante, incluso central, de la condición humana, un aspecto que Hipócrates, por ejemplo, enfoca a través de la teoría de los humores. En su consideración, el elemento religioso surge muy pronto en el esfuerzo por llegar a comprender el fenómeno de la depresión. Ya desde el Timeo, Platón trabaja con tres conceptos explicativos: ser, devenir y chora- identificado alternativamente, entre otras posibilidades, como receptáculo o espacio- para comprender la enfermedad en términos del rechazo del bien. Ya que seguramente Platón no es un cristiano, ésta no es una explicación "religiosa" en el sentido que este término adopta en las tradiciones monoteístas religiosas posteriores.
Las descripciones de la melancolía y de los fenómenos asociados a ella continúan proliferando según nos aproximamos a los tiempos modernos. Felds señala que en la Edad Media ocurre un palimpsesto de la melancolía junto a la antigua concepción de los humores, ampliada ahora a través de la concepción teológica del pecado. Ya que los escritores estaban tratando con fenómenos que ellos no entendían suficientemente, no deberíamos sorprendernos si encontramos análisis en oposición directa en el debate. Según Feld, para Robert Burton el remedio estriba en dejar atrás la ociosidad, mientras que para Pascal, por el contrario, nos queda contemplar el infinito vacío esperando por la salvación a través de la fe. El absoluto desacuerdo sobre la melancolía, un fenómeno común, es seguramente sorprendente, quizás indicativo de la debilidad de la comprensión conceptual sobre lo que ocurre.
Los comentarios de Feld  acerca de tres figuras cercanas a nosotros (G. W. F. Hegel, Martin Heidegger y Karl Jaspers) resultan particularmente interesantes. El tratamiento sobre Hegel bajo el título "Acerca de la Otredad de Dios" elige el inusual interés de las reflexiones de Hegel sobre el alma. Feld señala que Hegel se encontraba afectado por el descenso a la locura de su amigo Friedrich Hölderlin. Es tal vez menos conocido que él también estaba afectado por la depresión y el subsecuente suicidio de su hermana, Christine[5]. Feld entiende esta complicada serie de circunstancias como conducentes a la visión hegeliana de la depresión, en el espacio creado por la muerte de Dios[6]. Según Feld, la única vía hegeliana para superar la melancolía es a través de la total pérdida, conducente a la resurrección espiritual, lo que, podría especularse, es el equivalente funcional de la decisión de arriesgarse a la muerte mediante el reconocimiento en la relación entre el amo y el esclavo. Ella indica que según Hegel, sólo podemos hacernos conscientes de nosotros mismos como seres finitos, sobre todo en la obra que Pascal rechaza, pero nos hacemos infelices deseando devenir absolutos (MOG 110).
Feld halla que la descripción del tedio profundo (tiefe Langeweile) por parte de Heidegger, que ella describe como la sintonía fundamental del Dasein (MOG 127), apunta más allá de sí misma hacia el ser. Aunque la perspectiva heideggeriana ha influido en varios psiquiatras suizos, considero esta descripción fenomenológicamente incorrecta, ante todo  como "deducción" requerida por la teoría del ser de Heidegger. De modo similar, sostengo que el llamado su dios último es inseparable de su giro hacia el nazismo, a menudo rechazado pero obvio, un giro explicable como si se tratara de un puerto de refugio después de su forzada separación del catolicismo, y después del fracaso manifiesto del nazismo real, para el cual él continuó prefiriendo su propia versión idealizada.
En el libro de Feld, Jaspers ocupa un lugar de honor como uno de los pocos, tal vez incluso como el único comentarista, equipado satisfactoriamente tanto con la competencia médica como con la filosófica, que examina en detalle el fenómeno de la melancolía. Jaspers subraya la distorsión en la melancolía respecto al tiempo yrespecto al yo, con más precisión en la llamada experiencia temporal del tiempo como detenido, y por lo tanto sin un futuro, pero en la cual predomina el pasado. Según Feld, la percepción principal de Jaspers descansa en la insistencia de que "la melancolía depresiva" se encuentra más allá de la teoría científica, que está limitada por las manifestaciones psíquicas del alma situadas más allá de la cognición, apuntando por tanto a la necesidad de la interpretación filosófica.
Su observación de que Jaspers está continuamente centrado en la naturaleza, la significación y el rol de la otredad, entendida como lo no racional e incomprensible, es sugestiva. La "otredad"  para Jaspers indica que la dolencia psíquica en general, en especial la melancolía, está vinculada a "la otredad de la razón y del Ser" (MOG 166). Feld afirma que tanto para Jaspers, como para Friedrich Schelling, el ser y la razón están arraigados en sus opuestos, presumiblemente en el no ser y la irracionalidad. Ella sugiere que Jaspers proporciona evidencia clínica para apoyar, pero también para desmitificar la construcción mitológica de Schelling. Pero ¿qué evidencia puede haber posiblemente para lo que, por definición, se encuentra más allá de la razón o más allá del ser?
Los comentarios de Feld acerca de Jaspers se encuentran en el límite de su investigación. Feld, quien aporta este rico tapiz de concepciones de la depresión, la melancolía, la acedia y de los fenómenos que se les relacionan, no intenta imponer una estructura predominante sobre las diversas teorías, a menudo dispares. Es como si su interés medular fuese describir, más bien que teorizar sobre un continente oscuro, albergado en el alma humana, describiendo la noche oscura del alma ligada a la condición humana, a menudo en vívidas imágenes en enfoques contrastantes, cuya descomposición es muy difícil de imaginar. Una importante consecuencia es concentrarse en el esfuerzo realizado a lo largo de milenios para comprender la finitud humana a través de análisis contrastantes, por así decir,  ilustrando vívidamente la verdadera dificultad de llegar a entender la finitud humana. Es más difícil discernir la propia visión de la autora, la cual se encuentra principalmente implícita y no se expone ante el lector en detalle. Pero indudablemente se puede identificar en el título del libro, así como en su elección y en su descripción de diversas teorías, la atención a la dimensión teológica de la melancolía y de los fenómenos que se le relacionan.
La depresión, en todas sus formas, se relaciona no sólo con la felicidad, sino también con la finitud humana. Pienso que nuestras pretensiones respecto al mundo y a nosotros mismos siempre están limitadas por el momento histórico, que contingentemente habitamos. En ausencia de líneas directrices, lo que podemos decir sobre la condición humana ha de ser una función de nuestro mundo moderno tardío, en el cual la finitud humana no se ha incrementado ni ha decrecido, sino que solamente se ha hecho más evidente, en una continua jornada cada vez con menos ilusiones, y por tanto con menos barandillas. Este factor contingente -contingente en tanto pudo haber sido de otro modo, porque no hay fatalidad en relación a la declinación moderna de la religión organizada- lleva consigo la posible solución a la difícil situación existencial humana. La religión organizada es un experimento realizado por seres humanos finitos para proporcionar significado, al  vincular la finitud humana a un infinito ausente. Para algunos,  éste es un experimento que aún se encuentra en marcha, pero para otros éste ya ha recorrido la mayor parte de su curso en la secularización cada vez más profunda del mundo moderno. Si, como sospecho, es ya muy tarde para el re-encantamiento; si no podemos, de algún modo, superar mágicamente la melancolía a través de un retorno, por así decirlo,  a los supuestos orígenes divinos, no hay alternativa para la lucha, como sugiere Beckett vívidamente; no hay alternativa, como lo señala Camus, para dar significado a nuestras vidas a través de lo que hacemos.





[1] Véase E. A. Livingstone, ed. The Concise Oxford Dictionary of the Christian Church, New York, Oxford University Press, 2006.
[2] Véase Dante Alighieri, Purgatorio, Canto Settimo, quinto círculo.
[3] Véase Tomás Aquino, Summa Theologica, Secunda, secunda partis, q. 35.
[4] Véase Alina Feld, Melancholy and the Otherness of God: A Study of the Hermeneutics of Depression, Lanham, MD: Lexington Books 2011, p. iv. [En lo que sigue se cita como MOG]
[5] Véase Jon Mills, The Unconscious Abyss: Hegel's  Anticipation of Psychoanalysis, Albany, NY: SUNY Press, 2001.
[6] Véase G. W. F. Hegel, Phenomenology of Spirit, §§ 782, 785.